domingo, 14 de octubre de 2012

llagas


su lengua estaba traducida a mil idiomas
y todos los escribió sobre mi piel
caliéntame esta ausencia
en ruso
abrígame esta luna
en hebreo
recógeme los miedos
en búlgaro

su lengua era capaz de bajarte hasta el infierno
cuando rozaba el cielo de tu boca
desesperarte cuando te miraba
callarte para siempre
despertarte del insomnio eterno
si hubiera esperado a merecerla
jamás la habría conocido

quiso quererme y no quise
quise olvidarla y no pude
quise quererla y fue tarde

su lengua supo entonces
como el sabor amargo del pomelo
sobre todo cuando te faltaba

su lengua sabía gritarme al oído suspiros de adiós
desgarros de otoño con aromas de ausencia
tendremos que dejar de hacer esto
en ocre
tendremos que parar de hacer aquello
en amarillo
tendremos que buscarte un futuro
en negro
aunque a su lengua le encantara el morado, de mi espalda.

mi lengua, a mi pesar,
nunca supo precalcularle una historia completa a sus latidos
nunca tejerle colores al tacto de sus manos,
bajarle algún verso con nombre de gato
y ganas de quedarse.

su lengua, era como un paciente maestro de piano
repíteme este acorde
en mí
sedúceme este arpegio
en sol
perfila la cadencia
en la

su lengua se ha quedado en mí
más que yo mismo
que aprendo idiomas para traducir
los versos que dejó sobre este martes
por qué hacer infeliz a una mujer
en polaco
te cansarías de mí
en gallego
su lengua estaba traducida a mil idiomas
y todos los escribió sobre mi piel.

martes, 25 de septiembre de 2012

martes


Amanece la noche desierta de tu sonrisa 
amanece el insomnio abrazado a tu ausencia desnuda
amanece el sabor salado de una lágrima que llega a mi boca
sin venir de tu boca
amanezco envuelto de tu soledad
que me acaricia el pelo, que me susurra al oído,
que me canta canciones de amor envueltas en papel de aluminio
me desgarra los tobillos y me ulcera las córneas

amanece tu sonrisa desierta en la noche
amanece otra vez tu abrazo que viene a regalarme el insomnio
una vez más que no te tengo.
amanece el latir desnudo de tu recuerdo
que me desnuda y me mete en la cama,
y me acompaña, y me besa la cabeza
hasta que pasa la resaca.
amanece este otoño que llegó en febrero
este martes de cristal que sabe a domingo
estas ganas de matar sin mi permiso.

amanece un beso tuyo
que se ahoga en mi garganta
amanece el ocaso del relato erótico
que debería escribirte con saliva
desde el tobillo hasta la nunca,
desde mi mirada a tu sonrisa
desde mi punto y a parte
hasta tu punto y seguido

amanecen, cada noche,
tus palabras que me desnudan la conciencia
y me matan de frío
amanece un nuevo verso empapado en un sudor
que ya no es tuyo.
ni mío, ni de nadie.

amanece Budapest en tu silencio
una mala conciencia con nombre de cuidad
un acorde indefinido
amanecen tus ganas de dormir y yo contigo
mis manos de madera plagadas de astillas que huelen a ti
pero que saben a nada
mis labios de cartón que besan escarcha disfrazada
mi voz

amanece la noche desierta de tu sonrisa
amanece tu ausencia desnuda que me abraza el insomnio
amanece mi boca que busca tu boca
y encuentra una lágrima
este martes de cristal que sabe a domingo
este lunes de mierda.

amanece este siempre
repleto de nada
sin ti


domingo, 2 de septiembre de 2012

Ausente de la oficina

Soy, poco menos,
que un traje gris
Con raya diplomática
Un horario de ocho a tres,
Un calendario con las fiestas de guardar
Marcadas en rojo.
Un café con sacarina
Una cama sin ti

Soy un tren del olvido,
Camino de nadie,
Una misa cantada, un cuadro en la pared
Soy un libro de charles Bukowsky
Sin putas ni alcohol

Soy un whisky sin hielos, un trozo de tierra
Una cara de perro, olor a naftalina
Y bolas de alcanfor.
Una calle sin ruidos.
Un reloj despertador, a las 7.25
Una ducha de agua fría
Dos tostadas con prisa.
La prensa del día

Soy silencios, bemoles, corcheas, cejillas,
Guitarras sin cuerdas
Acordes caducos
Una canción de sabina,
Que acaba bien.
Soy un día de invierno
Un cristal de swarosvky
Un paseo en parís

Soy facturas, contratos, precálculos
Soy las letras de tu nombre escritas
En mi mesa
Un domingo cualquiera con ganas de verte
Un martes de agosto.
Un orgasmo sin mí. 

jueves, 16 de agosto de 2012

Retratos de fotomatón (II)


- Por qué hacer infeliz a una mujer cuando puedes hacer felices a muchas. – eso dijo. Y río, no con maldad, pero sí con la malicia propia de una niña que acaba de salirse con la suya.  En ese momento, aunque yo aún no lo supiera, me estaba convirtiendo en un cretino, un cretino a cobro revertido.

Antes, mucho antes, cuando la idea de quererla aún ni se me pasaba por la cabeza, me dediqué a escribirle gemidos de arena en la parte de atrás de las rodillas,  a tocar sonatas de violoncello de Bach sobre su espalda, o a deletrearle sonrisas en el ruido de su ropa.

Hoy, más a tu pesar que al mío, aún me arden los besos al buscarte,  aun me muero porque tu lengua recorra el sonido de mis labios, por atarte a mi cadera hasta que el cansancio te ahogue, por comerme cada suspiro que se escape de tu mirada.

Antes, mucho antes de que me convirtiera en un cretino, pensé que, aunque sólo fuera en deseo, ya le llevábamos ventaja a la muerte, porque nuestro deseo vivirá más que nosotros,  porque si alguna vez pusieras el cordón de terciopelo, que te aislase del mundo, yo me quedaría dentro, para tocarte solo yo, para que cuando el silencio nos mate de frío, sean mis palabras las que se posen sobre tus hombros para abrigarte.

Hoy, más a mi pesar que al tuyo, te has ido sin poner cordón de terciopelo, sin llevarte mis ruegos y preguntas, y sobre todo, sin llevarte el vacío que queda cuando faltas. Sin llevarte las noches de insomnio que te guardaba, el deseo que me hacía ser tuyo, sin llevarte mi estúpido ego.
Hoy, más a mi pesar que al tuyo, siento que te llevaste mis ganas de llorar y sobre todo, mis ansias de hacerte feliz.

- Por qué hacer infeliz a una mujer cuando puedes hacer felices a muchas. – eso dijiste, y ni tu ni yo nos dimos cuenta, de que me estabas convirtiendo en un cretino, un cretino a cobro revertido. 

lunes, 6 de agosto de 2012

Retrato de fotomatón


- Por qué hacer infeliz a una mujer, cuando podrías hacer felices a muchas.- Eso me dijo, y acto seguido se rió, no con maldad, pero si con la malicia propia de alguien que sabe que acaba de programar una bomba de relojería.

Yo reí también, quizá porque en aquel momento no sabía que aquella frase me estaba dañando a futuro y con carácter retroactivo. Eso lo supe tiempo después, cuando caí en la cuenta de que yo en realidad habría preferido hacerla feliz a ella muchas veces, que hacer infeliz a cualquiera tan solo una vez.

Hace unos meses que se marchó, aunque su tacto aún me recorre las manos, como si de un dolor fantasma se tratara. A veces, incluso su voz me despierta en medio de la noche, aunque en realidad me despierta mi propia voz llamándola.

Acabé por acostarme con otras chicas, tal vez porque era la única manera de masturbarme sin pensar en ella, sin pensar en ella y sin llorar, que desde hace demasiado tiempo va unido.
Por qué hacer infeliz a una mujer? Repito una y otra vez en mi cabeza, sabiendo que la respuesta es que no puedo hacer felices a muchas si no soy feliz yo, y que eso dependía tanto de ti, como dependen mis erecciones de tu recuerdo.

Abro una cerveza y pongo las noticias. Siempre me digo lo mismo: -Hoy va a ser el día en que te olvide.   

lunes, 23 de julio de 2012

para tus noches de insomnio


ni siquiera te fuiste de repente
te fuiste de a poquitos
llevándote un verso en cada viaje
en cada huida hacia adelante,
te llevaste las sonrisas y los versos
y sólo dejaste palabras llenas de mugre
que acumulan vértigos en un cajón
al fondo del armario

mientras mis manos se llenan de polvo
mientras tu recuerdo se pasea desnudo
por las ruinas de mi conciencia
mientras tu aroma se ha convertido en un ribera del duero
ahora que dueles
ahora que los precálculos llenaron de vacío mi codicia.

ni siquiera te fuiste de repente
y mientras regalabas tu olor a otros suspiros
yo me fui llenando de vértigos
y mis palabras de mugre
vértigo de mirarme al vacío sin ti
y no verte
vértigo de  acabar llamando a otra por tu sonrisa,
o de morirme de frío cuando diga tu nombre
de morirme de adiós cuando note tu ausencia
o de llorarme encima si sueño contigo.

aún puedo deletrear entera tu sonrisa
aún me tiemblan las manos si huelo tu nombre
aún recuerdo el sonido de tus besos
y aún me sé de memoria las arrugas de tu cama

me encantas, me encantas a pesar de haberte ido de a poquitos
a pesar de llevarte mis latidos
y mis ganas de escribir
me encantas a pesar de que mis palabras
llenas de mugre y de polvo
nunca supieran poner
un acorde con cejilla

ahora, tu vida tiene menos ilusión pero más sentido
mis palabras se llenan de mugre al fondo de un armario
esperando, como siempre,
a que recorras el camino de vuelta. 

viernes, 6 de julio de 2012

La sirena de piernas infinitas


se llamaba Leonor y era sirena
una de esas de verdad
capaz de bucear por tu cabeza
casi sin proponérselo
sus piernas medían cuatro o cinco suspiros
algunos días incluso más

se llamaba Leonor y era poema
le quedaba bien a todas las faldas
y mal a todas las conciencias
incluida la mía
le quedaba bien a todos los colores
sobre todo si acababan en deseo

se llamaba Leonor y era flamenco
flamenco por alegrías
sus piernas medían tres o cuatro silencios
de un compás de doce tiempos

se llamaba Leonor y era sonrisa
una de esas capaces de extinguir…
bueno, ustedes ya me entienden
sus piernas medían dos o tres atardeceres
cuatro,  si los pasabas sin ella

se llamaba Leonor y la música
le bajaba por los tobillos
bailando mariposas
un día, uno de esos en los que ya no deberían quedar más dinosaurios
le confesé que sus piernas se merecían un relato
aunque en realidad pensara
que se merecían un libro

se llamaba Leonor
y era sirena